#16. – B. II. 2. a) [δ. Autoridad y libertad]

NOTA: Entre corchetes […] texto que sólo aparece en versión castellana.

B.II.2. d.                                  [Autoridad y libertad]

[Lo que es producido por la forma del pensamiento libre y no por la autoridad, pertenece a la filosofía. En este principio -forma del pensamiento, reproducción del pensamiento- persiste la filosofía a diferencia o en oposición con la religión. Por consiguiente, lo que diferencia a la filosofía de la religión es que aquélla da simplemente su adhesión a lo que el pensamiento ha hecho surgir en la conciencia de sí mismo. Cuando la conciencia ha progresado a fin de conocer su esencia más interna como inteligente, sucede que la razón dará esencialmente su adhesión a todo lo que ella debe reconocer como verdadero, que ella no renunciará a eso frente a cualquier autoridad, sea la que fuere.]

[Frecuentemente, en esto no se hace justicia a la razón. Pero hoy en día ya no se puede denigrar más a la filosofía por esto: porque la religión, al menos nuestra iglesia protestante, reivindica a la razón para sí al decir que la religión tiene que resultar de la propia convicción; en consecuencia, no se basa en la mera autoridad. Pero recientemente se afirmó, a la vez, que la religión existe solamente en la forma del sentimiento religioso, que existe solamente como sentimiento auténtica y verdaderamente. Pero si es negada toda penetración a los conceptos de contenido religioso, entonces se ha negado también toda la teología; porque la teología, como ciencia, debe ser saber de Dios y de la relación del hombre con Dios, que es determinada por la naturaleza de Dios. Si no, sería un mero conocimiento histórico. Sin duda se ha llamado a aquel sentimiento también la fuente de la ciencia, la fuente de la razón; pero no es saber. Para que el sentimiento sea verdadero, tiene que encontrarse la razón en él; ciertamente, tiene este sentimiento que haber resultado mismamente de la convicción y del conocimiento.]

[El derecho del pensamiento libre contra la autoridad en general se acerca aquí, por eso, más directamente a la reflexión, porque la religión, que tiene de común con la filosofía el contenido, se distingue de ésta por la forma, en tanto que la religión, basándose en la autoridad como tal, es, por consiguiente, positiva. Pero, por otra parte, la religión exige incluso que el hombre adore a Dios en espíritu, es decir, que el hombre mismo esté, además, en aquello que él tiene por verdadero. Este principio es ahora reconocido por todos; y hasta aquí este principio de la propia convicción, de la intuición interior, etc., es lo común entre la filosofía y la restante formación cultural de nuestra época, incluso la religión. Pero hay que considerar qué clase de autoridad nos interesa especialmente. Al lado de cualquier supuesto existe la autoridad. Pero donde el pensar humano es desterrado de la religión, o donde la autoridad de la religión se ha mantenido de una manera mundana, allí no hay ningún interés para la razón pensante.]

[La religión en general, que, además, se apoya en fundamentos positivos, y, sobre todo, la religión cristiana posee esencialmente esta propiedad: que el espíritu del hombre tiene que existir, además, para tener algo por verdadero. O, de otra manera, la verdad de la religión exige esencialmente el testimonio del espíritu. Este es expresamente el caso en la religión cristiana. Cristo reprendió a los fariseos, que exigían la confirmación de la certeza de su doctrina por medio de signos y de milagros. El dijo expresamente que no es lo externo, la materia, quien fundamenta la verdad, sino el espíritu; la admisión de la doctrina todavía no es lo verdadero, sino que el testimonio del espíritu es el fundamento esencial. El testimonio del espíritu contiene entonces también la determinación general de la libertad del espíritu, de aquello que él tiene por verdadero. Por consiguiente, este testimonio del espíritu es lo fundamental.]

[La fe, la convicción, son mediadas en cada hombre por la enseñanza, por la instrucción, por la formación alcanzada, después por la admisión de lo que constituye las representaciones de una época, los axiomas, las convicciones de un tiempo. En esta enseñanza hay un lado esencial: que ella se dirige al corazón de los hombres, a sus sentimientos, pero también, además, a su conciencia, a su espíritu, a su entendimiento y a su razón, que la enseñanza se ha convencido de todo esto por sí misma. La fe en la verdad, en la convicción de la verdad, debe ser la propia convicción, el conocimiento propio. Por consiguiente, así no parece existir ninguna autoridad. Pero también consiste en esto muy esencialmente la autoridad; pues también aquello que procede de nuestra propia revelación interior es una manera de autoridad. Se encuentra en la conciencia, es un hecho de la conciencia. Nosotros sabemos (algo) acerca del ser de Dios; también este saber existe de una manera tan inmediata en nosotros, que se convierte en autoridad, en una autoridad interior de la conciencia. En tanto que nosotros, encontramos algo en nosotros, estamos convencidos, al mismo tiempo, de que es también justo, verdadero y bueno. Pero la experiencia superficial nos muestra que tenemos en nosotros una cantidad muy grande de tales representaciones inmediatas pero de las que tenemos que admitir después que pueden ser erróneas. Si nosotros admitimos de una manera tan inmediata como autoridad estas representaciones internas, estos sentimientos, entonces puede suceder que el contenido justamente opuesto surja para nosotros de una forma directa. Si nosotros admitimos este principio, entonces se ha justificado también, además, el contenido opuesto. Según nuestro sentimiento, nosotros podemos muy fácilmente condenar algo bueno como malo, falso o injusto. Por otra parte, creen los malos que aquello que ellos hacen ha nacido con ellos, ha sido una revelación interior. De esta manera, tiene también todo crimen este principio. Por tanto, siempre al lado del conocimiento, de la convicción de lo que es tenido por verdadero, persiste todavía la forma de autoridad. «Del corazón surgen amargos pensamientos», dice la Sagrada Escritura. Por eso no puede ser aceptado (admitido) esto como verdadero.]

[Del mismo modo puede existir en la forma más reflexiva de la intelección, en los pensamientos de los individuos que son considerados como viniendo tan inmediatamente de lo interior, sino que son producciones del autopensar, también en esta forma de la intelección puede, por consiguiente, existir aún la autoridad a través del supuesto de algún punto firme o, al menos, aludir a la forma de autoridad, en tanto que nosotros aceptamos estas últimas opiniones como verdaderas. Este es, ordinariamente, el caso al que nosotros denominamos representación, convicción, o cultura de una época en su totalidad. Se toma por base esta representación; y según ésta, y desde ésta, se determina todo en nosotros. Poseemos en una época una representación determinada, por ejemplo, de Dios, del Estado, etc. En todas estas intuiciones puede suceder que una aceptación (suposición) infundada sea la base de todas las siguientes. Sin duda, los hombres dicen que ellos habían pensado, y al autopensar puede haber tenido efecto, pero este autopensar tiene unos límites determinados. Pues fuera de que el espíritu de una época ha sido uno y el mismo, y que el individuo no puede salir de él, se encuentra que este pensar descansa en supuestos que nosotros reconocemos frecuentemente como falsos. Que ahora la filosofía esté libre de toda autoridad, que haga prevalecer su principio del pensamiento libre, para ello conviene que la filosofía haya logrado alcanzar el concepto del pensamiento libre, que arranque de pensamientos libres, que éste sea el principio. El propio pensar, la propia convicción, por consiguiente, no hace aún que se esté libre de autoridad.]

[Este pensamiento libre en su evolución es considerado en la historia de la filosofía. Aquí entra en contradicción con la autoridad de la religión, de la religión popular, de la Iglesia, etc.; y la historia de la filosofía representa, de esta manera, por un lado, la lucha del pensamiento libre con esta autoridad. Pero que filosofía y autoridad estén en lucha, no puede ser esto lo último, el más elevado punto de vista; sino que la filosofía debe finalmente hacer posible la reconciliación de estas contradicciones, tiene que producir esta reconciliación, esto tiene que ser su objetivo absoluto; pero de manera que ella, la razón pensante, encuentre satisfacción además. Toda reconciliación debe partir de ella.]

[Pero ahora existe una falsa paz; se puede representar la paz entre la filosofía y la religión de manera que ambas recorran su camino aparte, que se muevan en esferas separadas. De esta manera se ha exigido que la filosofía recorra su camino por sí, sin entrar en discusión con la religión, y se sostiene que es algo hecho sin intención, incierto cuando la filosofía perjudica a la religión. Esta opinión ha sido frecuentemente formulada, pero es para nosotros una falsa afirmación; porque la necesidad de la filosofía y de la religión es una y la misma: desentrañar lo que es verdadero. La filosofía es aquí un pensar; el espíritu pensante es lo más puro, lo más simple, lo más interior. Solamente puede haber una intimidad, la satisfacción de esta intimidad por sí misma también puede ser, en consecuencia, solamente una. La filosofía ni de paso puede admitir aún la satisfacción religiosa. Cada uno puede satisfacerse hasta cierto grado en sí mismo. Pero una satisfacción que le fuera opuesta, no puede la razón admitirla.]

[Una segunda exigencia, un medio para la paz, fue después éste: que la razón se someta a la fe, ya sea a la autoridad exterior, ya sea a la autoridad interior. Ha habido un período en la filosofía en que se ha simulado esta sumisión, pero de manera que era ostensible que esto era una falsa ilusión: esto sucedió en los siglos XVI y XVII. Fueron formulados aforismos filosóficos (filosofemas) contra la religión cristiana, principalmente desde fundamentos racionales, pero se añadía que la razón se sometía a la fe (véase Bayle, El diccionario filosófico, por ejemplo, el artículo sobre los maniqueos). Vanini fue desterrado a causa de tales aforismos filosóficos, aunque aseguraba que no constituían su verdadera convicción. Cuando la Iglesia católica lo condenó a la hoguera, ella misma ha mostrado que es imposible para el pensamiento, si es pensamiento vivo, renunciar a la libertad. Por consiguiente, esta sumisión es algo imposible.]

[Además de esto se ha querido establecer una tercera posición al dar a la filosofía el puesto de una teología natural. Se dice: la razón indudablemente conoce esto y aquello; pero la religión revelada posee, además de las teorías de la razón, aún otras doctrinas, es decir, aquellas que están sobre el conocimiento racional de manera que no necesitan entrar en contradicción con este conocimiento racional. En verdad, esta relación coincide enteramente con la precedente, porque la razón no puede sufrir ninguna otra cosa a su lado, y aún mucho menos por encima de sí misma.]

[Una forma posterior de reconciliación es ésta: que la religión renuncie a lo positivo por sí misma. Esto positivo concierne, por una parte, solamente a la forma, a lo histórico, a lo mítico, etc. Renuncia a todo esto al transportarlo a la forma del pensamiento. Pero esta forma es solamente razonamiento, pensar abstracto, entendimiento abstracto. La religión puede permanecer (perseverar) mejor, por otra parte, en su terquedad contra el pensar filosófico. Solamente cuando ella dice: «Las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella», entonces son las puertas de la razón aún más fuertes. Pero, por otro lado, la religión positiva puede renunciar a su contenido; y esto ha sucedido, especialmente en la época moderna, frecuentemente con respecto al punto de vista positivo y en grandes proporciones.]

[En el último punto de vista existe la religión en mí como aptitud, como sentimiento; y se afirma que la religión debe basarse solamente en los sentimientos, e, indudablemente, no sólo porque el pensar, el conocer, perjudiquen a la fe; sino que aquella afirmación debe ser mismamente resultado del conocer, de la intelección. La religión reivindica el sentimiento simplemente porque no hay nada que saber, nada que conocer. Contra esta forma del sentimiento se pone el pensar, el comprender conceptual. Si solamente se quiere percibir vagamente, sentir, entonces la razón no puede estar satisfecha. Pero el sentimiento que se sabe, el pensamiento, no puede rechazar al sentimiento; el pensar no está en contradicción con el sentimiento. (Las próximas consideraciones del contraste del conocer y del no conocer, del no saber se presentan en la historia de la filosofía misma).]

[Este es el último punto de vista que ha alcanzado en el día de hoy en Alemania una gran importancia aparente. El entendimiento ilustrado (se refiere al pensamiento de la época de la Ilustración), el entendimiento abstracto pide solamente lo abstracto. Este entendimiento sabe acerca de Dios solamente que El existe y que tiene una representación indeterminada de Dios. Esto es, sin contenido. Cuando la teología se fundamenta sólo en el entendimiento abstracto, entonces ella tiene tan poco contenido como es posible, ha hecho del dogma un simple camino, ha sido reducido al mínimum. Pero la religión, que debe dar satisfacción al espíritu, tiene que ser esencialmente concreta en sí, tiene que ser algo sustancial. Tiene que tener por contenido lo que se ha revelado por Dios en la religión cristiana; es decir, la religión tiene que ser dogmática. La dogmática cristiana es el conjunto de doctrinas que representan lo característico de la religión cristiana, que manifiestan la revelación de Dios, el saber acerca de lo que Dios es. Al contrario, se ha portado el llamado sano entendimiento humano, ha mostrado las contradicciones en esta dogmática con ayuda del entendimiento abstracto y ha reducido el contenido de las mismas a un mínimo, igualmente ha vaciado el contenido. Esta teología vacía se ha denominado teología racional. Pero ella ha sido solamente exégesis, es decir, reflexiones sobre un cierto objeto, razonamiento, no el concepto de la cosa, puesto que se ha pasado, libremente, de las representaciones presentes a determinaciones posteriores. A esta pretendida teología ilustrada se opone el concepto racional, en tanto que el concepto representa el contenido concreto desde sí y lo justifica en sí, lo sabe, como pensado, depurado, diferenciado de las formas sensibles y de los modos de representación. Por consiguiente, la razón concreta pensante es opuesta al entendímiento abstracto. Pero mientras el pensamiento se ha comprendido tan profundamente que es privativo de él desarrollarse desde sí mismo, comprenderse concretamente, así es también posible que sea alcanzado el fin absoluto, la reconciliación de la religión y de la filosofía, de la verdad en la forma de la representación religiosa con la verdad en la forma en que es desarrollada por la razón.]

[Esta es la relación de ambas (filosofía y religión) que se ha desarrollado a través de los contrastes en la historia de la filosofía. Ambas formas tienen que fundamentar una y la misma verdad.]

[Por lo que respecta a la conexión de la filosofía con el arte, éste se sitúa, por su elevación y por su verdadera determinación, al lado de la religión. El arte tiene que expresar externamente lo que se halla internamente contenido en la religión.]

[Ahora se trata también aún de la conexión de la filosofía con el Estado. También el Estado está en la más íntima relación con la religión. En la historia de la filosofía tenemos que mencionar, entre otras determinadas circunstancias, la historia política; sin embargo, esto corresponde más bien a la relación externa. Pero religión y Estado se relacionan también esencialmente, necesariamente. La constitución del Estado se fundamenta en un principio determinado de la conciencia de sí del espíritu, en la manera como el espíritu se conoce en relación con la libertad. En el Estado hay que distinguir la libertad del libre albedrío. La esencia del Estado es que es la voluntad racional en sí y por sí, lo universal en sí y por sí, que esto universal, sustancial de la voluntad, es real. Las leyes son la expresión de lo que respecto a la voluntad es racional. Depende de la conciencia que un pueblo tiene de su libertad; y esto está en relación nuevamente con la representación que la nación, el pueblo, tenga de Dios (la verdad universal es que existe un Dios; la representación de la libertad parece tener en sí esta representación).]

[Ahora, al estar la constitución del Estado en relación con la religión, entonces también está la filosofía en relación con el Estado a través de la religión. La filosofía griega no podía haber surgido en Oriente. Los orientales son los pueblos en los que indudablemente surgió la libertad; pero el principio de la libertad aún no era en Oriente al mismo tiempo el principio del derecho. Tampoco hubiera podido originarse la filosofía moderna en Grecia o en Roma. La filosofía germánica (en realidad se refiere a la filosofía surgida después de las invasiones bárbaras) ha surgido en el cristianismo; tiene por base el principio cristiano en común con la religión. Por consiguiente, esta relación es importante.]

[Pero luego la filosofía tiene aún también una determinada relación con el Estado y con la relación externa, histórica, entre el Estado y la religión. La religión es el pensar de lo divino. La esfera de la religión está separada de la esfera del Estado. El último puede ser considerado en contraposición con la religión, como la esfera de lo mundano y así en cierto modo como algo no divino, no sano. Pero lo racional, el derecho, el derecho racional, se refiere a la verdad y, por consiguiente, debe referirse a la verdad religiosa, ciertamente tiene que estar exactamente de acuerdo con lo que la verdad es en filosofía y en religión. Religión y Estado, el imperio espiritual y el imperio temporal, tienen que estar en armonía uno con otro.]

[Esta mediación puede realizarse de muchas maneras, por ejemplo, en la forma de teocracia, como nosotros la encontramos especialmente en los pueblos del Oriente. Allí la libertad, como libertad subjetiva, como libertad moral, se ha perdido enteramente al mismo tiempo con el derecho, con la voluntad. Otra relación fundamental es, además, que la religión y su esfera se han puesto por sí, que la religión ha despreciado la libertad mundana y se ha portado de una manera negativa frente a la esfera de la libertad, como en la iglesia catolicorromana lo religioso, en cuanto condición espiritual, está enteramente separado de lo laico, y como también los patricios romanos habían estado en posesión de los sacrorum con exclusión de los plebeyos.]

[En la teocracia, el reino temporal es considerado como algo infiel, como algo no santo, como algo no coincidente con lo religioso, de manera que lo que nosotros denominamos derecho, moralidad, costumbre, carece entonces de valor. Sólo la ley temporal, el orden temporal pueden ser, al mismo tiempo, también enteramente algo divino. Pero cuando aquel aspecto religioso se sostiene por sí y mira a la verdad como algo que no puede ser inmanente a la esfera de la libertad humana, entonces es ésta una posición negativa frente a la libertad humana misma.]

[La filosofía es un pensar inmanente, actual, presente; contiene la actualidad de la libertad. Pero lo que es pensado, conocido, pertenece a la libertad humana. Al existir así en la filosofía el principio de la libertad, está al lado de lo mundano. La filosofía tiene lo terrenal por contenido; por eso se la denomina sabiduría del mundo, filosofía (Federico Schlegel y los que le repiten han utilizado de nuevo este nombre como un mote). Indudablemente, la filosofía exige que lo divino esté presente en lo mundano (profano); que lo moral, lo jurídico, tiene o debe tener su actualidad en la realidad de la libertad. La filosofía no puede hacer desaparecer lo divino en el sentimiento, en la nebulosidad inferior del recogimiento. Tanto tiempo los mandamientos, la voluntad de Dios existieron en el sentimiento humano, que ellos están contenidos también en la voluntad humana, en la voluntad racional del hombre. La filosofía conoce lo divino, pero ella conoce también cómo se ha aplicado, realizado esto divino en el aspecto mundano. En efecto, de esta manera la filosofía es también sabiduría del mundo (filosofía), y en eso aparece al lado del Estado contra las pretensiones del dominio religioso del mundo]

[Pero, del mismo modo, se opone a la arbitrariedad y a la casualidad del dominio temporal.]

[Esta es la posición de la filosofía en la historia, según este aspecto. Ella transporta lo divino a la esfera del pensar y del querer humano; es decir, trae lo sustancial de la constitución del Estado a la conciencia, de una manera especial recientemente, puesto que el Estado debe estar fundamentado en el pensamiento.]

§ 147a  . Up to this point we have given an account of the difference between philosophy and religion. With regard, however, to what we want to treat of in the history of philosophy there are a few further remarks to make in connection with – and partly as a consequence of – what has already been said.

§ 147b     Ahora hemos desplegado la diferencia de la filosofía y de la religión. Pero, respecto de lo que nosotros queremos tratar en la historia de la filosofía, queda algo que notar además, lo que está en relación con lo dicho antes y que parcialmente se sigue de ello.

[Nosotros partimos de que la religión es afín a la filosofía con respecto al objeto, y que solamente se distingue de ella por la forma. Por tanto, surge ahora la cuestión: ¿cómo tenemos que comportarnos en la historia de la filosofía con tal afinidad?]

 

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