#20. – B. II. 2. c) Separación de la filosofía popular, de la filosofía

NOTA: Entre corchetes […] texto que sólo aparece en versión castellana.

B. II. 2. c) [Separación de la filosofía popular, de la filosofía]

[Pero aún hay que mencionar un tercer momento, el que parece reunir en sí los otros dos y con el que la filosofía está en la más íntima conexión, es decir, la filosofía popular. En primer lugar, ella se ocupa de objetos universales; se ocupa de Dios y del mundo, y se esfuerza por encontrar en lo particular leyes universales; por tanto, ésta posee también el momento de la universalidad. Pero, en segundo lugar, posee también el otro momento, el pensar que es activo para conocer los objetos; lo que así es considerado como verdadero, es producido a través del entendimiento.]

[Por consiguiente, la filosofía popular une los dos momentos arriba mencionados. Sin embargo, también esta forma de filosofar tenemos que dejarla de lado. En su totalidad los escritos de Cicerón pueden ser incluidos aquí. Es una forma de filosofar que tiene su puesto; lo bello, lo excelente, pueden conducir al verdadero camino. Es la filosofía de un hombre culto (formado) que ha recibido muchas experiencias de la vida y de su alma, y ha reflexionado sobre ellas, que ha mirado hacia atrás qué ha sucedido en el mundo, que conoce lo que vale, lo que es tenido por verdadero, y lo que produce verdadera satisfacción; un hombre que con espíritu formado se extiende sobre todos los asuntos más importantes de los hombres y sobre todas las cuestiones del espíritu.]

[Según otro aspecto, también podemos considerar aquí a los místicos y a los iluminados que expresan sus intuiciones, su amor puro y sus recogimientos. Ellos han hecho experiencias en las más altas regiones del alma. Nos pueden dar cuenta de lo que han penetrado en su recogimiento; y su exposición puede ser del más profundo e interesante contenido, como los escritos de Pascal, que en sus Pensamientos (Pensées) ha dejado visiones muy profundas. Pero tales obras, en tanto que parecen reunir aquellos momentos, son, sin embargo, incompletas.]

[Consideremos nosotros, principalmente, a lo que se ha recurrido, por ejemplo, en los escritos de Cicerón; así sucede que lo que es impreso al hombre por la Naturaleza descansa en sus impulsos y en sus inclinaciones, etc. Igualmente hablan los modernos del instinto, del instinto moral, del sentimiento del derecho, de obligación, deber, etc. La religión debe basarse así en sentimientos, es decir, en lo subjetivo, no en lo positivo; el conocimiento inmediato del hombre acerca de Dios debe ser lo último, el último fundamento. En Cicerón, el derecho público debe basarse en el convenio tácito, en la conformidad de los pueblos (consensus gentium). Sin duda, esta invocación a una vigencia general es omitida en la mayoría de los casos todavía en el moderno filosofar de esta clase, puesto que cada sujeto debe basarse solamente en sí mismo. Así es confinado solamente a la sensibilidad, al sentimiento inmediato de cada individuo. Lo demás que aparece aún al lado de esto, son los principios, los razonamientos, los cuales, sin embargo, recurren por última vez de nuevo a algo inmediato. Aquí en la filosofía popular se exige también, por consiguiente, la reflexión, la convicción y un contenido que es producido por la actividad del pensar mismo. Pero como hemos dicho, tenemos que excluirla igualmente de la filosofía. Porque la fuente de donde es producido el contenido es de la misma especie que en la primera esfera análoga.]

[En la primera era la Naturaleza, la experiencia; en la segunda esfera es el espíritu, pero el contenido aparece como dado; la fuente que se presenta a la conciencia era la autoridad natural interna; ésta es el corazón, nuestros impulsos, nuestros sentimientos, nuestras aptitudes, es decir, nuestro ser natural, nuestra intimidad misma en la forma de inmediación, nuestro interior ser impulsados hacia Dios. Por tanto, aquí está el contenido. Dios, el derecho, el deber, etc., en una forma que es aún una forma natural.]

[Indudablemente yo tengo todo esto en el sentimiento, pero sólo implicito, así como en la mitología está encerrado todo el contenido; en los dos casos no está el contenido en su verdadera forma. Si se basa solamente en el sentimiento, entonces tan pronto es una cosa como otra; por consiguiente, es el libre albedrío de la subjetividad lo decisivo. De esta manera, el contenido no puede ser considerado dentro de la filosofía; le falta la forma del pensar. Las leyes del Estado, los dogmas de la religión constituyen este contenido tal como es determinado de una manera verdadera, que logra alcanzar de esta forma determinada la conciencia por esta determinación. Por consiguiente, el principio excluye aquella manera de pensar.]

 

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