Hegel, historiador de la filosofía

Hegel, historiador de la filosofía [se explica el origen de las dos versiones más conocidas de las Lecciones/ Introducción a la Historia de la Filosofía]

extractado de “Hegel y la Historiografía Filosófica” (de Andrés Martínez Lorca, Departamento de Filosofía. UNED ) (Bajar documento completo Hegel-historiografía.pdf )    

Hegel investigó a fondo la historia de la filosofía. De hecho, sus cursos sobre esta materia fueron los que más veces ofreció, reelaborándolos, en diversas universidades alemanas. Poco después de su muerte, se reconstruyeron tomando como base los apuntes de algunos alumnos y varios manuscritos del propio Hegel. La publicación de estas lecciones, las Vorlesungen über die Geschichte der Philosophie, hizo época. No podemos entrar ahora en el examen de la historiografía hegeliana en general. Lo que nos importa es analizar su concepto de historia de la filosofía, que por primera vez es abordado de modo explícito en estas páginas y más en concreto en la «Introducción» a las lecciones. 

Antes de ello, hagamos una breve historia del texto, ya que, como he señalado antes, el grueso del mismo no procede de Hegel sino de los apuntes tomados en clase. La primera edición fue preparada por Karl Ludwig Michelet y se editó en 1833 (17). En el texto se integraban fragmentos ya elaborados y borradores del mismo Hegel, junto a diversos apuntes que representaban un desarrollo vivo de los esquemas previos. El esqueleto lo formaba el cuaderno de Jena, redactado por el maestro para el primero de los cursos sobre historia de la filosofía (1805-1806). Michelet publicó una segunda edición entre los años 1840-1844, en la que introdujo algunas modificaciones y supresiones. Hermann Glockner preparó ya en nuestro siglo una tercera edición dentro de la Jubiläumausgabe, basándose en el texto de Michelet. Frente al objetivo de sistematicidad integral que intentaba disimular la operación de ensamblaje de textos (línea de trabajo seguida por Michelet), Johannes Hoffmeister procuró reflejar la heterogeneidad de los elementos mezclados, y las alteraciones producidas en el desarrollo del pensamiento de su autor, añadiendo también nuevos manuscritos y apuntes. Esta nueva edición está considerada por todos los críticos como la mejor disponible (18). El único inconveniente que tiene es que es incompleta, pues se reduce a la Einleitung o «Introducción» a las lecciones (limitación que no nos afecta ahora, dado el carácter conceptual y no historiográfico de nuestro análisis). 

Comencemos, como hace Hoffmeister, con el texto más antiguo de la Einleitung, el manuscrito de Heidelberg fechado en 1816, con el que Hegel presentó sus lecciones de historia de la filosofía en aquella universidad, y cuyo carácter embrionario y casi programático podemos comprobar si lo comparamos con desarrollos posteriores, y en particular con el famoso discurso de Berlín de 1818. El racionalismo que inspira la concepción hegeliana y que representa una ruptura con la epistemología de Kant, aparece ya en las líneas iniciales donde señala la fe en la razón como condición primera de la filosofía: «…» Ver alemán en original.  Nota (19). 

A continuación, Hegel introduce la cuestión metodológica de la importancia del concepto de filosofía para la propia historia de la filosofía. Esta conexión entre concepto e historia muestra su máxima utilidad precisamente en el caso de la filosofía. De ahí su crítica a la historiografía filosófica anterior a la que reprocha en un conocido símil su incapacidad para captar la armonía del conjunto.  «…» Ver alemán en original. Nota (20). En efecto, la historia de la filosofía se nos presenta desde ahora, muy en la línea que ya vimos en su filosofía de la historia, como una totalidad orgánica,  «…» Ver alemán en original.  Nota  (21). 

El espíritu de la Ilustración aparece también aquí. Los filósofos, a quienes la opinión popular recluía en «su mundo» y de quienes los historiadores de oficio prácticamente se olvidaban, son elevados por Hegel al rango de libertadores, de héroes de la razón pensante.  «…» Ver alemán en original.  Nota   (22). 

Mas es el historicismo hegeliano el que permite captar el sentido de las «hazañas del pensamiento». Y este es un punto central en su concepción de la historia de la filosofía. El trabajo colectivo de las generaciones anteriores toma cuerpo, consciente o inconscientemente, en nuestra actividad intelectual. Pues, en definitiva, nos caracterizamos por ser nosotros mismos un producto histórico:  «…» Ver alemán en original. Nota (23). 

 «…» Ver alemán en original.   Nota  (24). El pasado filosófico se contempla, pues, dialécticamente, no es un bloque de petrificada erudición sino un saber permanentemente renovado, un río de vida. Esta imagen heraclítea, así como la contraposición entre erudición y saber, característica también del filósofo de Éfeso, reaparecen con fuerza en la dialéctica hegeliana. Si no todo el universo (ya aludí antes a su nada dialéctica visión de la naturaleza), ciertamente el ámbito del espíritu, en el que está incluida la filosofía, se distingue por su eterno movimiento, «su vida es acción». 

Volvamos ahora a las lecciones sobre el concepto de filosofía según el texto preparado por el discípulo de Hegel y asiduo oyente de sus clases, Ludwig Michelet. Ellas constituyen el núcleo de esta «Introducción». Lo primero que se nos presenta es esta interesante observación metacientífica: carecen de relevancia los hechos históricos aislados de una totalidad. Como gustaba de repetir Ortega siguiendo a Hegel, la historia necesita de la teoría. «Además, …hay que empezar por tener una visión general de conjunto antes de poder entrar en el detalle; de otro modo, los detalles nos impedirán ver el todo, los árboles nos impedirán ver la filosofía. (…) En ningún campo se confirma más esto que decimos que en el de la filosofía y en su historia. (…) Los hechos históricos sólo tienen un relieve, una significación, cuando se los pone en relación con un algo general y a través de su entronque con ello; tener ante los ojos este algo general es, por tanto, comprender la significación de los hechos en la historia» (25). 

 

Concepto hegeliano de Historia de la filosofía 

E inmediatamente Hegel entra a considerar el concepto de historia de la filosofía. La unión en ésta de dos elementos antagónicos, lo histórico y lo filosófico, le lleva a descubrir una contradicción interna: «la filosofía se propone conocer lo que es inmutable, eterno, lo que existe en y para sí; su mira es la verdad. La historia, en cambio, narra lo que ha existido en una época para desaparecer en otra, desplazado por algo distinto» (26). Ya veremos más adelante cómo su concepción dialéctica de la filosofía y su filosofía de la historia le permitirán resolver tal contradicción. Tampoco resulta alentadora la comparación de la filosofía con otras esferas del conocimiento humano. Así, a diferencia de la religión, «a la filosofía no se le reconoce por contenido … una verdad fija y determinada de antemano». Y a diferencia de otras ciencias, no progresa por vía de yuxtaposición. «La historia de la filosofía, en cambio, no revela ni la persistencia de un contenido simple, exento de adiciones, ni el simple proceso de una pacífica acumulación de nuevos tesoros a los ya adquiridos con anterioridad, sino que parece ofrecer, más bien, el espectáculo de cambios incesantemente renovados del todo, sin que entre ellos subsista, a la postre, ni el nexo de unión de una meta común» (27). 

Hegel asume a veces en su análisis (y en esto recuerda a Aristóteles) el punto de vista vulgar para, a través de su refutación, intentar un avance en el plano de la teoría. Recoge, de este modo, la opinión corriente según la cual la historia de la filosofía consiste en una «galería de las necedades o, por lo menos, de los extravíos del hombre que se adentra en el pensamiento y en los conceptos puros» (28). E incluso reconoce que muchas historias de la filosofía aceptan semejante prejuicio. Pero si lo admitimos, ese pretendido tejer y destejer de la filosofía nos llevará necesariamente a negar validez a tan absurdo trabajo. «Según esto, la historia de la filosofía no sería otra cosa que un campo de batalla cubierto de cadáveres, un reino no ya solamente de individuos muertos, físicamente caducos, sino también de sistemas refutados, espiritualmente liquidados, cada uno de los cuales mata y entierra el que le precede» (29). 

Se trata, pues, de cerrar el paso al escepticismo. En esta tarea interviene decisivamente su propia dialéctica. Hegel reconoce la diversidad de filosofías, pero rechaza que tal diversidad sea analizada mediante «…» Ver alemán en original.  En otro lugar se había burlado con mucha gracia de la vana pretensión de aquella señora que, por prescripción médica, acude al mercado pidiendo fruta y ante la respuesta de si lo que que ría eran cerezas, ciruelas o uvas, contesta contrariada que no, que lo único que desea comprar es simplemente fruta. Aquí se opone radicalmente a quienes «por asco a lo particular en lo que lo general cobra realidad», se vuelven ciegos para captar la verdad en la historia de la filosofía: «… por muy distintas que sean las filosofías, todas ellas tienen algo en común: el ser filosofía. Por tanto, quien estudie o profese una filosofía, siempre y cuando lo sea verdaderamente, profesará la Filosofía. (…) Es menester que comprendamos que esta variedad entre las muchas filosofías no sólo no perjudica a la filosofía misma —a la posibilidad de la filosofía—, sino que, por el contrario, es y ha sido siempre algo sencillamente necesario para la existencia de la propia ciencia filosófica, algo esencial a ella» (30). 

Progresando en su análisis, Hegel se dispone a iluminar su concepción de la historia de la filosofía, y para ello se detiene en estos dos conceptos previos: el de desarrollo, Entwicklung, y el de lo concreto, das Konkrete. (Prefiero traducir Entwicklung como «desarrollo» o «despliegue», en lugar de «evolución» como hace W. Roces, para evitar así toda connotación biologicista, ajena al pensamiento de Hegel). La explicación del primero de ellos le permite caracterizar el despliegue del espíritu. «Aquello para lo que lo otro es, es lo mismo que lo otro; sólo así puede ocurrir que el espíritu viva consigo mismo al vivir en el otro. El desarrollo del espíritu consiste, por tanto, en que, en él, el salir fuera y el desdoblarse sean, al mismo tiempo, un volver a sí». Respecto a b concreto, subraya que si bien la forma del pensamiento es algo abstracto, sin embargo «de suyo, la idea es algo esencialmente concreto, puesto que es la unidad de distintas determinaciones. (…) Cuando la verdad es abstracta, no es tal verdad» (31). De la combinación de ambos conceptos se obtiene el movimiento de lo concreto, que es lo que Hegel iba buscando para alcanzar su siguiente y decisiva conclusión: «Pues bien, la filosofía es, por sí misma,  el conocimiento de este desarrollo  y, en cuanto pensamiento comprensivo, este mismo desarrollo pensante; cuanto más lejos llegue este desarrollo, más perfecta será la filosofía» (32). 

De tan importante logro conceptual, Hegel se eleva a formular estas tres tesis que contienen, en lo esencial, su concepto de historia de la filosofía: 

1. «La filosofía es sistema en desarrollo y lo es también, por tanto, la historia de la filosofía». 

2. «La sucesión de los sistemas de la filosofía en la historia es la misma que la sucesión de las diversas fases en la derivación lógica de las determinaciones conceptuales de la idea. (…) Y a la inversa … Podría pensarse que la filosofía tiene que seguir en las fases de la idea otro orden que aquel en que estos conceptos se manifiestan en el tiempo; pero, visto en su conjunto, el orden es el mismo… : de lo dicho se desprende que el estudio de la historia de la filosofía es el estudio de la filosofía misma y no podía ser de otro modo». 

3. «Sólo merece el nombre de ciencia {Wissenschaft) una historia de la filosofía concebida como sistema de desarrollo de la idea» (33). 

Es evidente que la validez de estas tesis historiográficas descansa, en última instancia, sobre el sistema hegeliano en su conjunto. Mientras aceptemos la filosofía de la historia y la dialéctica de Hegel, su concepción historiográfica se mantiene en pie. En caso contrario, caerá al suelo como castillo de arena. Algo de esto ha ocurrido en nuestra época cuando al desmantelamiento del hegelianismo sucedió un aprovechamiento fragmentario del tal legado, gracias al cual han podido salvarse algunas perlas especulativas y metodológicas. Ya veremos más adelante las huellas de esta herencia en el debate historiográfico contemporáneo. 

Dilucidado el núcleo de su concepción de la historia de la filosofía, Hegel se dedica ahora a aplicarlo (34). Éstas son las principales consecuencias que extrae: 

— El desarrollo de la filosofía en la historia viene marcado por la necesidad. 

— Esa necesidad implica que ninguna filosofía es refutada por completo sino que se conserva como un momento de la totalidad. La consciencia de esa unilateralidad en la que se manifiesta su necesidad histórica —todo lo que nace debe perecer—, ha de impulsar al historiador de la filosofía a saber justificar las diversas filosofías. «Die Geschichte der Philosophie ist so die Rechtfertigung aller Philosophieen» (35). De aquí extrae Hegel una útil propuesta metodológica: «la actitud que se adopte ante una filosofía deberá tener un lado afirmativo y otro negativo; sólo teniendo en cuenta ambos aspectos conjuntamente haremos justicia a la filosofía de que se trate. El lado afirmativo tarda siempre más en revelarse, lo mismo en la vida que en la ciencia; por eso el refutar es siempre mas fácil que el justificar». 

— Hay que considerar especialmente los principios, de cuyo desarrollo posterior surgen los sistemas filosóficos. 

— La historia de la filosofía estudia el pensamiento vivo. Su tarea no consiste en la visión del pasado filosófico como objeto de erudición arqueológica. «El contenido de esta historia son los productos científicos de la razón, que no son perecederos ni se incorporan al pasado. En este campo se cultiva lo verdadero, y lo verdadero es eterno, no existe en una época para dejar de existir en otra… La filosofía no tiene nada de sonambulismo, sino que es, por el contrario, la más despierta de las conciencias. (…) Estos conocimientos son, por ello mismo, algo más que pura erudición, algo más que el conocimiento de lo muerto, lo enterrado, lo descompuesto; la historia de la filosofía ha de ocuparse de lo que no envejece, de lo presente vivo». 

Finalmente, Hegel traza un estrecho paralelo entre la historia de la filosofía t la filosofía misma. Sus dos principales conclusiones son: 

1. «Las primeras filosofías son las más pobres y las más abstractas de todas». (Algo que ya había observado Aristóteles al referirse a los presocráticos). 

2. «Es necesario abordar el problema históricamente; es decir, atribuir a las filosofías solamente lo que sabemos que encerraban y no lo que a nosotros nos parezca obligado que contuvieran» (36). O sea, una cautela metodológica que siempre deberíamos tener presente. Hegel concluye este apartado de la «Introducción», y con él prácticamente su reflexión sobre el concepto de la historia de la filosofía, en su mejor línea historicista. «Toda filosofía es la filosofía de su tiempo, un eslabón en la gran cadena del desarrollo espiritual; de donde se desprende que sólo puede dar satisfacción a los intereses propios de su tiempo» (37). 

Al término de sus lecciones, es decir, una vez verificada en la historia su original concepción de la historia de la filosofía, labor que todavía hoy nos llena de admiración como hace más de 150 años a los universitarios alemanes de la época, Hegel ofreció esta síntesis de su aportación historiográfica que vale la pena reproducir ahora. «El resultado general de la historia de la filosofía es éste: 

en primer lugar, que no ha existido en todo tiempo más que una filosofía, cuyas diferencias coexistentes representan otros tantos aspectos necesarios de un solo principio; en segundo lugar, que la secuencia de los sistemas filosóficos no es una sucesión fortuita, sino la sucesión necesaria del desarrollo de esta ciencia; en tercer lugar, que la filosofía final de una época es el resultado de este desarrollo y la verdad en la forma más alta que acerca de sí mismo alcanza la conciencia de sí del espíritu» (38). 

(17) Vorlesungen über die Geschichte der Philosophie, editor K. L. Michelet, Berlín, 1833, 3 vols. Disponemos de una buena versión castellana de la obra completa: Lecciones sobre la historia de la filosofía, traducción de Wenceslao Roces, México D.F., 1955, 3 vols. 

(18)  Einleitung in die Geschichte der Philosophie, editor Johanes Hoffmeister, Hamburgo, 1940. Hay edición castellana en Hegel, Introducción a la Historia de la Filosofía, traducción del alemán y prólogo de Eloy Terrón, Buenos Aires, 1956. A pesar de la calidad de esta traducción, se ha alterado aquí el orden de la edición alemana, suprimiéndose además el escrito de Heidelberg de 1816, el apéndice final y las notas críticas. Se han respetado en su integridad las características de la edición de Hoffmeister en su versión francesa: HEGEL, Lecons sur l’histoire de la philosophie. Introduction: système et histoire de la philosophie, traducción de Jean Gibelin, París, 1970, 2 vols.

(25) Lecciones sobre la historia de la filosofía, traducción de Wenceslao Roces, cit., vol. I, p. 12. 

(26) Ibid., p. 14. 

(27) Ibid., p. 16. 

(28) Ibid., p. 17. 

(29) Ibid., p. 22. 

(30) Ibid., pp. 23-24. 

(31) Ibid., pp. 28-29. 

(32) Ibid., p. 32, cursiva mía. 

(33) Ibid., pp. 32-35. Las limitaciones del historicismo aquí expuesto y la preeminencia de lo lógico en la dialéctica hegeliana han sido subrayadas en un interesante artículo de JindOich Zeley titulado «A propósito de la relación dialéctica entre lo lógico y lo histórico», en Dialéctica y conocimiento, traducción de Jacobo Muñoz, Madrid, 1982, pp. 52-81. 

(34) Ibid., pp. 40-42. 

(35) Einleitung in die Geschichte der Philosophie, Anhang 2, p. 280, cursiva mía. 

(36) Ibid., pp. 43 y 45. 

(37) Ibid., p. 48. 

(38) Ibid., vol. III, pp. 517-518. Sobre la contribución de Hegel a la historiografía filosófica puede verse la obra colectiva Hegel and the History of Philosophy, La Haya, 1974, que incluye una amplia bibliografía. 

 

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