#3. A) 1. a) La historia de la filosofía como un acervo de opiniones. / A. 1. a. The History of Philosophy as an accumulation of Opinions.

 

§ 27 a.  La historia parece consistir, a primera vista, en una narración en torno a los acontecimientos fortuitos de los tiempos, los pueblos y los individuos, fortuitos, por una parte, en cuanto a su sucesión en el tiempo y, por la otra, en cuanto a su contenido. De lo que a la sucesión en el tiempo se refiere, hablaremos más adelante. El concepto que aquí queremos examinar guarda relación con el carácter fortuito del contenido: es el concepto de los actos fortuitos. Ahora bien, el contenido de la filosofía no son precisamente los actos externos, ni los hechos de las pasiones y de la dicha, sino que son pensamientos. Los pensamientos fortuitos son, sencillamente, opiniones; y las opiniones filosóficas son opiniones que recaen sobre el contenido más o menos claramente determinado y los objetos peculiares de la filosofía, sobre Dios, la naturaleza y el espíritu.    

§ 27 b. History, at the first glance, includes in its aim the narration of the accidental circumstances of times, of races, and of individuals, treated impartially partly as regards their relation in time, and partly as to their content. The appearance of contingency in time-succession is to be dealt with later on. It is contingency of content which is the idea with which we have first to deal-the idea of contingent actions. But thoughts and not external actions, or griefs, or joys, form the content of Philosophy. Contingent thoughts, however, are nothing but opinions, and philosophical opinions are opinions relating to the more special content of Philosophy, regarding God, Nature and Spirit.

§ 28 a.  Tropezamos así, en seguida, con la idea muy corriente de la historia de la filosofía que ve en ella, simplemente, un acervo de opiniones filosóficas, que van desfilando por esa historia tal y como surgieron y fueron expuestas a lo largo del tiempo. Cuando se habla indulgentemente, se da a esta materia el nombre de opiniones; quienes creen poder exteriorizar un juicio más a fondo, llaman a esta historia una galería de las necedades o, por lo menos, de los extravíos del hombre que se adentra en el pensamiento y en los conceptos puros. Este punto de vista no sólo lo expresan quienes confiesan su ignorancia en materia de filosofía (la confiesan, puesto que esta ignorancia no es, según la concepción corriente, obstáculo para emitir un juicio acerca de lo que es la filosofía; por el contrario, todo el mundo se cree autorizado a dar su juicio acerca del valor y la esencia de ella, sin saber absolutamente nada de lo que es), sino también algunos de los que escriben o han escrito acerca de la historia de la filosofía. Esta historia, convertida así en un relato de diversas opiniones, no pasa de ser, concebida de este modo, materia de ociosa curiosidad o, si se quiere, de erudición. Al fin y al cabo, la erudición consiste, principalmente, en saber una serie de cosas inútiles, es decir, de cosas que, por lo demás, no tienen en sí mismas otro contenido ni otro interés que el de ser conocidas.    

§ 28 b. Thus we now meet the view very usually taken of the history of Philosophy which ascribes to it the narration of a number of philosophical opinions as they have arisen and manifested themselves in time. This kind of matter is in courtesy called opinions; those who think themselves more capable of judging rightly, call such a history a display of senseless follies, or at least of errors made by men engrossed in thought and in mere ideas. This view is not only held by those who recognize their ignorance of Philosophy. Those who do this, acknowledge it, because that ignorance is, in common estimation, held to be no obstacle to giving judgment upon what has to do with the subject; for it is thought that anybody can form a judgment on its character and value without any comprehension of it whatever. But the same view is even held by those who write or have written on the history of Philosophy. This history, considered only as the enumeration of various opinions, thus becomes an idle tale, or, if you will, an erudite investigation. For erudition is, in the main, acquaintance with a number of useless things, that is to say, with that which has no intrinsic interest or value further than being known. /

§ 29 a.  Se considera, sin embargo, útil conocer diversos pensamientos y opiniones, por entender que ello estimula la capacidad de pensar y conduce, a veces, a ciertos pensamientos buenos, es decir, permite formarse, a su vez, opiniones, como si la ciencia consistiera, en efecto, en ir devanando unas opiniones de la madeja de otras.    

§ 29 b.  Yet it is thought that profit is to be derived from learning the various opinions and reflections of other men. It stimulates the powers of thought and also leads to many excellent reflections; this signifies that now and then it occasions an idea and its art thus consists in the spinning one opinion out of the other.

§ 30 a.  Si la historia de la filosofía no fuese nada más que una galería de opiniones –aunque éstas versen sobre Dios, sobre la esencia de las cosas de la naturaleza y del espíritu– sería, en verdad, una ciencia harto superflua y aburrida, por mucha utilidad que se sacase o se creyese sacar de todo ese trasiego de pensamientos y de esa erudición. ¿Puede haber algo más inútil que conocer una serie de simples opiniones? Semejante conocimiento es de todo punto indiferente. Basta con echar un vistazo a esas historias de la filosofía en que las ideas de los filósofos se exponen y tratan a la manera de opiniones, para darse cuenta de que son obras secas y carentes de todo interés.    

§ 30 b. If the history of Philosophy merely represented various opinions in array, whether they be of God or of natural and spiritual things existent, it would be a most superfluous and tiresome science, no matter what advantage might be brought forward as derived from such thought-activity and learning. What can be more useless than to learn a string of bald opinions, and what more unimportant? Literary works, being histories of Philosophy in the sense that they produce and treat the ideas of Philosophy as if they were opinions, need be only superficially glanced at to find how dry and destitute of interest everything about them is.

§ 31 a.  Una opinión es una representación subjetiva, un pensamiento cualquiera, una figuración, que en mí puede ser así y en otro puede ser otra o de otro modo: una opinión es un pensamiento mío, no un pensamiento general, que es en y para sí. Pues bien, la filosofía no contiene nunca opiniones; no existen opiniones filosóficas. Cuando alguien habla de opiniones filosóficas, se ve en seguida que ese alguien, aunque sea un historiador de la filosofía, carece de una cultura elemental. La filosofía es la ciencia objetiva de la verdad, la ciencia de su necesidad, de su conocer reducido a conceptos, y no un simple opinar o devanar de opiniones.    

§ 31 b. An opinion is a subjective conception, an uncontrolled thought, an idea which may occur to me in one direction or in another: an opinion is mine, (3) it is (not) in itself a universal thought which is existent in and for itself. But Philosophy possesses no opinions, for there is no such thing as philosophical opinions. When we hear a man speaking of philosophical opinions, even though he be an historian of philosophy itself, we detect at once this want of fundamental education. Philosophy is the objective science of truth, it is science of necessity, conceiving knowledge, and neither opinion nor the spinning out of opinions.

§ 32 a.  La concepción que estamos examinando tiene, en rigor, otro significado: el de que lo que nosotros podemos conocer son solamente opiniones, al decir lo cual se hace hincapié precisamente en lo de opinión. Ahora bien, lo opuesto a la opinión es la verdad; ante la verdad, palidecen y se esfuman las opiniones. Pero la palabra verdad hace que vuelvan la cabeza para otro lado quienes sólo buscan en la historia de la filosofía opiniones o creen que esto es lo único que es posible encontrar en ella.    

§ 32 b. The more precise significance of this idea is that we get to know opinions only, thus laying emphasis upon the word Opinion. Now the direct opposite of opinion is the Truth; it is Truth before which mere opinion pales. Those who in the history of Philosophy seek mere theories, or who suppose that on the whole only such are to be found within it, also turn aside when that word Truth confronts them. /

§ 33 a.  La filosofía se enfrenta, así, con un doble antagonismo. Por una parte, la devoción, como es sabido, declaraba a la razón o al pensamiento incapaces de llegar a conocer lo verdadero: por el contrario, según ella, la razón sólo conducía al abismo de la duda, siendo necesario, para arribar a la verdad, renunciar a la quimera de pensar por cuenta propia y colocar a la razón bajo la férula de la fe ciega en la autoridad. De la relación que existe entre la religión y la filosofía y su historia hablaremos más adelante.    

§ 33  b. Philosophy here encounters opposition from two different sides. On the one hand piety openly declares Reason or Thought to be incapable of apprehending what is true, and to lead only to the abyss of doubt; it declares that independent thought must be renounced, and reason held in bounds by faith in blind authority, if Truth is to be reached. Of the relation existing between Religion and Philosophy and of its history, we shall deal later on. /

§ 34 a.  No menos sabido es también, por otra parte, que la llamada razón logró imponerse, rechazando la fe nacida de la autoridad y pretendiendo infundir un sentido racional al cristianismo. Se llegaba, de este modo, a la conclusión de que lo único que se nos podía obligar a reconocer era nuestra propia manera de ver las cosas, nuestra propia convicción. Pero, por admirable designio, también esta afirmación del derecho de la razón se trocó en lo contrario de lo que perseguía, dando como resultado que la razón no pudiera llegar a conocer nada verdadero. Esta llamada razón, de una parte, combatía la fe religiosa en nombre y en virtud de la razón pensante, pero, al mismo tiempo, se volvió en contra de la razón misma y se convirtió en enemiga de la verdadera razón; afirma en contra de ésta los derechos de la intuición interior, del sentimiento, convirtiendo con ello lo subjetivo en pauta de lo válido e imponiendo, de este modo, la fuerza de la propia convicción, tal y como cada cual se la puede llegar a formar, en sí y a partir de sí, en su propia subjetividad. Pues bien, estas convicciones propias no son otra cosa que las opiniones, convertidas así en el supremo criterio del hombre.    

§ 34 b. On the other hand, it is known just as well, that so-called reason has maintained its rights, abandoning faith in mere authority, and has endeavoured to make Christianity rational, so that throughout it is only my personal insight and conviction which obliges me to make any admissions. But this affirmation of the right of reason is turned round in an astonishing manner, so that it results in making knowledge of the truth through reason an impossibility. This so-called reason on the one hand has combated religious faith in the name and power of thinking reason, and at the same time it has itself turned against reason and is true reason’s adversary. Instinct and feeling are maintained by it against the true reason, thus making the measure of true value the merely subjective-that is a particular conviction such as each can form in and for himself in his subjective capacity. A personal conviction such as this is no more than the particular opinion that has become final for men.

§ 35 a.  Si queremos partir de aquello con que tropezamos en las nociones que se nos ofrecen más al alcance de la mano, no tenemos más remedio que señalar inmediatamente esta manera de concebir la historia de la filosofía; trátase de un resultado que se ha abierto paso en la cultura general y que es algo así como el prejuicio y, a la par, un verdadero signo de nuestro tiempo: el principio a la luz del cual las gentes se conocen y comprenden unas a otras, una premisa que se da por establecida y que sirve de base a cualquier otro quehacer científico. En teología, no es precisamente, en puridad, la profesión de fe de la Iglesia la que rige como la doctrina del cristianismo, sino que cada cual, en mayor o menor medida, se forma una doctrina cristiana propia, arreglada a la medida de sus propias convicciones, que varían, naturalmente, con cada persona. Es frecuente también ver que la teología se cultiva históricamente, atribuyendo a la ciencia teológica el interés de conocer las distintas opiniones, y uno de los primeros frutos de este conocimiento consiste en honrar y respetar todas las opiniones, considerándolas como algo de lo que no se tiene por qué dar cuentas a nadie, sino solamente a sí mismo. También aquí se pierde de vista la meta: el conocimiento de la verdad. La propia convicción es, desde luego, lo último y lo absolutamente esencial, lo que, por el lado de la subjetividad, empuja al conocimiento a la razón y a su filosofía. Hay, sin embargo, una gran diferencia entre que la convicción descanse simplemente en sentimientos, puntos de vista, intuiciones, etc., en fundamentos subjetivos, es decir, en factores puramente personales del sujeto mismo, o nazca del pensamiento, de la penetración en el concepto y en la naturaleza de la cosa. La convicción nacida y formada del primero de estos dos modos es, sencillamente, la opinión.    

§ 35 b. If we begin with what meets us in our very first conceptions, we cannot neglect to make mention of this aspect in the history of Philosophy. In its results it permeates culture generally, being at once the misconception and true sign of our times. It is the principle through which men mutually understand and know each other; an hypothesis whose value is established and which is the ground of all the other sciences. In theology it is not so much the creed of the church that passes for Christianity, as that every one to a greater or less degree makes a Christianity of his own to tally with his conviction. And in history we often see theology driven into acquiring the knowledge of various opinions in order that an interest may thus be furnished to the science, and one of the first results of the attention paid them is the honour awarded to all convictions, and the esteem vouchsafed to what has been constituted merely by the individual. The endeavour to know the Truth is then of course relinquished. It is true that personal conviction is the ultimate and absolute essential which reason and its philosophy, from a subjective point of view, demand in knowledge. But there is a distinction between conviction when it, rests on subjective grounds such as feelings, speculations and perceptions, or, speaking generally, on the particular nature of the subject, and when it rests on thought proceeding from acquaintance with the Notion and the nature of the thing. In the former case conviction is opinion.

§ 36 a.  La antítesis entre la opinión y la verdad, que de un modo tan nítido se destaca ahora, se trasluce ya en las nociones de la época socrático-platónica, época de desintegración de la vida griega, en la antítesis platónica entre la opinión (doxa) y la ciencia (episteme). Es la misma contraposición con la que nos encontramos en el período de decadencia de la vida pública y política de Roma bajo Augusto y en los tiempos siguientes, en que hacen estragos el epicureísmo y la indiferencia ante la filosofía. Es el sentido en que Pilato replica a Cristo, cuando éste le dice que ha venido al mundo para proclamar la verdad: “¿Qué es la verdad?” Lo que vale tanto como decir: “Este concepto de la verdad es un concepto convencional acerca del cual estamos al cabo de la calle; hoy, sabemos ya más, sabemos que ya no hay para qué hablar de conocer la verdad; eso se ha quedado atrás.” Para quien así se expresa, no cabe duda de que eso se ha quedado atrás. Y para quien, en la historia de la filosofía, parta de este punto de vista, la significación de tal historia se limitará, evidentemente, a conocer las particularidades de otros, cada uno de los cuales tiene la suya propia: peculiaridades que son para mí, por tanto, algo extraño y a las cuales es ajena y no libre mi razón pensante, que no son para mí más que una materia externa, muerta, puramente histórica, una masa de contenido vano e inútil de suyo; y quien así se complace en lo vano y se da por satisfecho con ello, es que obra movido, a su vez, por una simple vanidad subjetiva.    

§ 36  b. This opposition between mere opinion and truth now sharply defined, we already recognize in the culture of the period of Socrates and Plato-a period of corruption in Greek life-as the Platonic opposition between opinion (doxa) and Science (episteme). It is the same opposition as that which existed in the decadence of Roman public and political life under Augustus, and subsequently when Epicureanism and indifference set themselves up against Philosophy. Under this influence, when Christ said, “I came into the world that I should bear witness unto the Truth,” Pilate answered, “What is Truth?” That was said in a superior way, and signifies that this idea of truth is an expedient which is obsolete: we have got further, we know that there is no longer any question about knowing the Truth, seeing that we have gone beyond it. Who makes this statement has gone beyond it indeed. If this is made our starting point in the history of Philosophy, its whole significance will consist in finding out the particular ideas of others, each one of which is different from the other: these individual points of view are thus foreign to me: my thinking reason is not free, nor is it present in them: for me they are but extraneous, dead historic matter, or so much empty content, and to satisfy oneself with empty vanity is mere subjective vanity itself.

§ 37 a.  Para el hombre imparcial, la verdad será siempre una gran palabra que hará latir su corazón. En cuanto a la afirmación de que no es posible conocer la verdad, nos encontraremos con ella en la historia misma de la filosofía, donde tendremos ocasión de examinarla con cierto cuidado. Aquí, sólo diremos que quienes, por ejemplo Tennemann, parten de esta premisa, harían mucho mejor, evidentemente, en no ocuparse para nada de filosofía, pues toda opinión afirma y pretende, aunque sea sin razón, poseer la verdad. Nos atendremos aquí, provisionalmente, al viejo prejuicio de que en todo saber se contiene una verdad, pero que para llegar a conocerla es necesario meditar acerca de ella, y no es lo mismo que andar o estar a pie; es decir, que la verdad no se conoce por la vía de la percepción o la intuición directa, ni por medio de la intuición externa de nuestros sentidos, ni por medio de la intuición intelectual (toda intuición es, en rigor, como tal, sensible), sino solamente mediante el esfuerzo del pensamiento.    

§ 37 b. To the impartial man, the Truth has always been a heart-stirring word and one of great import. As to the assertion that the Truth cannot be known, we shall consider it more closely in the history of Philosophy itself where it appears. The only thing to be here remarked is that if this assumption be allowed, as was the case with Tennemann, it is beyond conception why anyone should still trouble about Philosophy, since each opinion asserts falsely in its turn that it has found the truth. This immediately recalls to me the old belief that Truth consists in knowledge, but that an individual only knows the Truth in so far as he reflects and not as he walks and stands: and that the Truth cannot be known in immediate apprehension and perception, whether it be external and sensuous, or whether it be intellectual perception (for every perception as a perception is sensuous) but only through the labour of thought.

 

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